PERIPECIA

PERIPECIA
Dejo un espacio en blanco.
Sé que dije que iba a dormir.
Ése suele ser el error:
Querer honrar frases y no poder cumplir.

Mi atuendo no existe sin luz:
Debo creer que esto lo logré solo.
Desnudo ante la fila de demonios.
Hay tanto ruido dentro de mí.

No voy a perder la oportunidad de hacerla sentir que vale la pena en todo campo que toca su rocío.

No voy a castigar al ser humano que intenta hacerlo bien pero debemos morir de vez en cuando.

Sabia calma de gotas lentas.
El techo resuena grave y lejano.
Mi miedo a todo parece descansar.
Estoy probándome que puedo hacerlo.

La mañana casi golpea el vidrio.
Fue un tortuoso descenso privado.
La suma de los vicios mentales.
Quiero ser el de antes pero mejor.

La sábana descubre su orografía.
Ignoramos el límite de la saciedad.
El canto de la uña del dedo mayor.

Siento subir un magnífico temblor.
Soy yo que volví para verte reír.
Todo retoma lento su cauce natural.

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LA EMPLEADA DE LA ASEGURADORA

LA EMPLEADA DE LA ASEGURADORA
La empleada de la aseguradora va siempre marcando sus pasos con mucha fuerza como si al pisar asegurara también dejar atrás muchas dudas.
No es la primera vez que la veo porque quienes tomamos café en el mismo lugar coincidimos en las caras preocupadas y su look desenfadado en principio fue disruptivo, sobre todo para los varones que hablaban de vender y comprar autos cuya caducidad era inexorable e inminente.
Ellos se callaron cuando llegó la única vez que la había visto antes de hoy que se me fijó la escena anterior entre los pliegues de mi medialuna de grasa.

Uno de unos canosos 67 la miró y sus frases se ralentizaron al tiempo que otro de castigados 33 hacía girar atónito y eufórico su alianza, intentando aferrarse a los votos que leyó a su mujer hacía tan sólo 1 año atrás y conminarse a elevar la vista oleosa y despegarla del vestido de esta otra mujer que pendulaba entre el agua saborizada de la heladera y los venideros cuarenta años.

Creí escuchar que éste último se llamaba Eduardo porque el audio del mensaje que le llegó recriminaba “Edu, ya estoy podrida de hacer todo sola. Yo sola no tuve hijos, forr– (cortó el audio sin escuchar los restantes 2’36”).
Seguía escrutando de manera candente lasciva el recorrido de la empleada de la aseguradora que ya había cruzado la calle en medio de una lluvia de alaridos de cavernícolas que descubrían la rueda a medida que manejaban vehículos que los excedían en complejidad.

Cruzó un carro con un caballo y dos animales que le proponían en términos soeces satisfacer las fantasías que habían aprendido en películas pero que en ningún momento ella les había demandado.

Entonces los miró sugerente y frenaron. Ellos entre ambos sumarían la edad de ella. Retrocedieron sobre sus pasos. Los llamó con una seña intercalada entre los dedos índice y mayor formando un gancho que se movía y los atraía con la fuerza de una grúa. También frenaron un camión con una dudosa cámara frigorífica y un auto particularmente blanco y planchado al suelo cuyo conductor resplandecía entre los brillos de sus cadenas y reloj.

La empleada de la aseguradora hizo un paso hacia adelante y les dijo “¡la concha de su madre pajeros!” y volvió a trabajar.

CUÁNTICO

Cada cual toma sus decisiones, elige un camino sin saber que hay otra vida desarrollándose en paralelo en cada una de las encrucijadas que dejamos.
Entonces no debe de sorprendernos la duda de la noche de preguntarnos qué hubiera sido de nuestras otras versiones.
Están, ni bien ni mal; son, ni mejor ni peor; van y van y siguen yendo.

TODO ES PARA MÍ

Para mí son los deberes, reclamos, pedidos y juntas.

Para mí son las obligaciones, sugerencias, excusas y preguntas.

Para mí son las búsquedas, los berrinches, la patética figura de la rosa mustia.

Para mí no es el descanso, el placer a plena luz, la alegría sin angustia.

Para mí es la letanía de las otras personas, sus gustos y necesidades.

Para mí no son las posibilidades, ni el arte de la primavera.

Para mí es la racionalidad, la pausa de la guerra, la ceguera.

Para mí es el olvido, el hastío, el interminable vaivén en la hoguera, la diabólica liturgia.

Para mí no es la analogía, la apología, la triste ubicuidad de la dramaturgia.

Para mí es cada una de las estaciones sin trenes, flores ni tierra.

EL ETERNO RETORNO

A esta hora se me cierran los ojos.

Sé que lo que hice mal ya esta hecho

Aún no hemos logrado vencer al tiempo.

Es nuestra barrera más seductora.

En todas las bocas te busco nombrando ríos.

Bautizo cada vela que nos alumbrara de llanto.

Estas líneas me recuerdan a los poetas caídos.

Esta luna oscura me da otros hijos para cuidar.

Estoy al límite de mi aire.

Es una inspiración fatal.

Estoy riéndome de mi alma.

Es conmemorar el olvido.

Repaso las notas sabiendo que es probable que ya no las leas porque devinimos migajas de cada una de las promesas del futuro que creímos al alcance de unos labios de látex.

¿Por qué el siniestro camino del retorno nos obliga a contemplar los crímenes que dejamos cometer al amor como si fuéramos incapaces de sanar sumando vendedores de ausencia?

SALVO EL CREPÚSCULO

Siempre es bueno saber de vos aunque no puedas venir.
Siempre es bueno saber si cumpliste tus sueños postergados.
Nosotrxs seguiremos esperando que el tiempo mejore
para escribir un capítulo inédito de un amor apócrifo.

Caí en la cuenta de que somos un excurso del cuento,
un momento, una excusa que nos sirve para reírnos de nuestra rutina.
Me quitaste el sueño al decirme que no me habías olvidado.
Porque más allá de los caminos hay átomos que jamás se pueden soltar.

Se afanan mis labios ensayando escenarios porque esto morirá al volver a pestañear.
Cuán injusto es a veces el don del tiempo.
Sin embargo dura lo que tiene que durar porque tus manos se mueven con tu cuerpo
y es un espectáculo imposible de borrar.

Siempre es bueno saber que en silencio nos podemos mirar.
Siempre es bueno ignorar un poco el contexto y preparar la tarta que me enseñaste.
La historia seguirá corriendo bajo los pies de la ciudad.
Hasta Palermo, abrazados desde Haedo.

Podés dormir (yo sé cuándo hay que bajar).

Tus páginas fueron gloriosas salvo el crepúsculo que no podía confesar.
Quién sabe cuánto te dañó mi secreto y cuánto café lo pueda reparar.

Acorde

Nadie se adueña de mi corazón.

No es un problema.
Aparece y renueva todo.

Parece ir en serio y luego dobla por el camino incorrecto.
Miro todo sabiendo que va a chocar y no hago nada.

Soy la via apea hacia el silencio y la pared.

Porque el problema no es quién se adueñe de mi corazón sino a quién le pertenezcan mis insomnios.